viernes, 21 de noviembre de 2014

¿CUÁNDO IR AL PSICÓLOGO?

¿Cómo saber cuándo ir al psicólogo?

Lo principal es que no existe una norma clara sobre el momento de acudir a solicitar ayuda, ya que un problema o situación puede afectar de forma distinta a cada persona. 

De hecho, en ocasiones, el problema no es algo que nos hace sentir miedo o inseguridad, sino pensar que no tenemos recursos suficientes para enfrentarnos a eso.

Es cierto que a veces las situaciones nos
desbordan, no somos capaces de resolver nuestros problemas y las emociones empiezan a ser poco soportables. Familiares y amigos nos aconsejan ir al psicólogo pero lo desestimamos.

Todavía, en la sociedad actual se considera que la terapia es "para locos", algo que impide que demos ese primer paso.

Hay días en los que nos encontramos más tristes, no tenemos ganas de hacer nada, estamos cansados o el estrés se apodera de nosotros. Es normal. En esos momentos es recomendable hacer una pausa, respirar y seguir adelante, no es necesario acudir a consulta.
Pero cuidado, porque cuando esta sensación es continua, debemos preguntarnos a nosotros mismos si sería bueno buscar ayuda.

No solo la tristeza o la apatía son temas que puede abordar un psicólogo, también la incapacidad para conciliar el sueño, para concentrarse, los celos, la falta de deseo sexual, el hecho de no saber decir que NO, el deseo de control, los nervios y la ansiedad, hacer frente a la pérdida, la culpa, la dificultad para expresar nuestros sentimientos y opiniones...y un largo etcétera.

Todas aquellas cosas, aquellos miedos e inquietudes que nos impiden llevar una vida más plena y satisfactoria.

Por tanto, podemos acudir a un psicólogo cuando detectemos que uno o varios problemas están bloqueando nuestra vida, con sensaciones desagradables que no nos dejan disfrutar de los aspectos positivos.

Hay ocasiones que pensamos que vamos a ser capaces de salir de esta, y lo que hacemos es darnos tiempo y creer en eso de "ya pasará, es solo una mala racha". A veces no es así, y debemos liberarnos de esa concepción de autosuficiencia y pedir ayuda externa.

Tampoco hay que pensar que ir al psicólogo va a solucionar todo lo que pasa en nuestra vida de buenas a primeras, no hace magia ni cosas por el estilo.

Simplemente actúa como acompañante y asesor que va a intentar que nosotros mismos consigamos encontrar las soluciones a nuestros problemas, que nos va a dotar de recursos y habilidades para afrontar nuevas situaciones, que podrá ayudarnos a aumentar nuestra autoestima, a vencer la timidez, a ser capaces de decir un sencillo "NO" (cuando a veces no es tan sencillo).

Alguien que aporta un punto de vista alternativo a lo que nos está pasando, que te ayuda a entenderte a ti mismo, a plantearte si lo que estás haciendo hoy es lo que te llevará a lo que quieres ser mañana.

En definitiva, ir a un psicólogo sirve para muchas cosas. En especial para sentirnos bien, aumentar la confianza en uno mismo, para tener más seguridad y sentirnos más capaces. También para disminuir nuestros miedos y la angustia, resolver temas pendientes y sanar heridas.

Y recuerda:

"Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque su confianza no está en la rama, sino en sus propias alas."





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