viernes, 21 de noviembre de 2014

HOY DECIDES TÚ.



Decisiones, presentes a cada momento. 
Sin ir más lejos, yo misma he tenido que decidir de qué os hablaba esta noche, y qué mejor que hacerlo sobre lo que nos hace reflexionar y darle vueltas a la cabeza varias veces al día.

La toma de decisiones es uno de los procesos más complicados y difíciles a los que nos enfrentamos los seres humanos. Con ello me refiero a encontrar una conducta adecuada para resolver una situación problemática (o no) en la que hay, sobre todo, incertidumbre.

Y es que, ELEGIR no es tan fácil como parece.

Hay que tener en cuenta que cada persona afronta la resolución de problemas de una forma distinta, basándose en su historia y experiencias. Por tanto, cada uno toma sus propias decisiones y no tienen porqué ser aceptadas por todas y cada una de las personas que nos rodean.

Desde bien pequeñitos vamos tomando decisiones, elegimos nuestros amigos, nuestra pareja, nuestro estilo de vestir, qué música nos gusta, lo que queremos estudiar… Unas nos parecerán más importantes y a otras les daremos menos valor, pero lo primordial es el hecho de decidir. Probablemente algunas decisiones serán buenas y, desafortunadamente otras serán malas (las cuales podemos utilizar para aprender del error y reflexionar sobre lo que ha pasado).

Pero, lo cierto es que no suele haber peor decisión que aquella que no tomamos.

Y es ahí cuando aparece la INDECISIÓN, la que nos hace perder oportunidades valiosas, la que nos incapacita, la que nos lleva a la frustración y el fracaso.

A veces evitamos tomar decisiones porque no vemos soluciones o alternativas, por temor a las consecuencias, porque existe una falta de confianza en nuestras propias capacidades para resolver problemas, por miedo al fracaso, porque los otros no nos dejan decidir o nos imponen lo que ellos quieren o porque quizás no somos capaces de aceptar el malestar que provoca el hecho de tomar una decisión. Sin olvidarse por supuesto, de la procrastinación, que nos hace postergar acciones, y en este caso decisiones.

Eso sí, es necesario hacer una buena toma de decisiones.
Los pasos son sencillos:

- Orientarse hacia el problema, de forma positiva, enfrentándonos a él.
- Definirlo claramente.
- Buscar alternativas. Cuantas más, mejor.
- Elección de la alternativa. La que más beneficios a largo plazo nos suponga.
- Visualizarla y ponerla en marcha.
- Y por último, evaluar los resultados.

Si realizamos el proceso de esta manera, nos será más sencillo decidir. Si lo hacemos de forma informada, razonada y en el momento oportuno, podremos crecer personalmente y ser más responsables, maduros y felices.

Sigue y confía en tu instinto, comprométete con tu decisión, habla con otros sobre ello, aprende de las decisiones pasadas y sobre todo, mantente abierto a las opciones.

Cualquier cosa que decidas hacer desde ahora, tendrá un efecto más adelante. Las oportunidades siempre te estarán esperando.

Es tu turno, ¿QUÉ DECIDES?



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